Un día cercano conozco
en mi vida privada, fuera de Internet, un estudiante de filosofía,
con nota de sobresaliente en la asignatura de filosofía antigua y
que quiere especializarse en ella. Hablamos. Y, aprovecho la ocasión,
sabiendo ya él lo de mi paganismo, le formulo la pregunta, “¿es
Platón un pagano?. Me sorprende su respuesta, es rauda como si la
pregunta le quemara, ofendiera e incomodara y la quisiera acallar
cuanto antes. “NO”, me dice por toda respuesta y calla.
Espero y nada más dice.
Le pregunto entonces el
motivo, de que, según él, Platón no sea pagano. En un primer
momento es obvio que me lo quiere responder, luego se lo piensa y
finalmente sigue callando. Dejo pasar el tiempo y el silencio
continua. Llega el momento en que ese silencio se vuelve incomodo y
comprendo que lo cortes es cambiar de tema y lo cambio. Entonces y
solo entonces la conversación prosigue.
Me pregunto que le ha
pasado, en casa le doy vueltas al asunto. Repaso lo que sé de él,
por si me pudiera dar ello alguna pista: estudiante de filosofía,
deseoso de especializarse en filosofía clásica, amante del
pensamiento heterodoxo, muy influido en su infancia por el
catolicismo de su abuela, más tarde ateo, y luego vuelto no al
catolicismo de aquella abuela pero sí a la fe monoteísta que afirma
la existencia de un dios único y verdadero, de carácter absoluto y
sobrenatural. Quizá en eso se encuentre la explicación o parte de
ella de su incomodidad ante la pregunta. O eso pienso.
Días más tarde me
encuentro con un profesor de matemáticas, ateo, no sabe de mis
creencias paganas. Le hago la misma pregunta. Se lo piensa. Me
responde. Que sí o que no va depender de a que le estemos llamando
paganismo. Se me despierta una sonrisa que termina en una risa suave,
y es que temía acabar escuchando una tontería al respecto. pero me
encanta su respuesta, se lo explico y también el acaba riendo. Le
cuento que me estoy planteando si la próxima vez que pase por
Santiago de Compostela aprovechar y pasar por su facultad de
filosofía, en plan realizar una encuesta entre las gentes que allí
encuentre sobre si Platón es o no un pagano. Y, que una vez allí
pasar por la de historia, ya que están al lado la una de la otra y
bien pudiera ser que fueran muy diferentes las respuestas que me
dieran en una facultad con respecto a las de la otra. La mirada de un
historiador no es la misma que la de un filósofo.
Pasan los días y medio
termino olvidando el tema. Pero anteayer vuelvo a ver el asunto, esta
vez en un intercambio de opiniones en el muro de Facebook de un
pagano, que ni sé si quiere que le llame pagano. Ayer, eso me
recuerda el tema, y al encontrarme con un profesor de instituto de
filología, que sabe de mi paganismo y yo de su catolicismo, le
planteo la pregunta. Me responde entre risas, primero que no, luego
que sí. Le pregunto si me esta tomando el pelo, pienso de hecho que
lo esta haciendo, no niega estar bromeando, pero afirma que pese a
ello la lógica dice que sí pero no y que no pero sí, pues los
paganos creían una serie de cosas que Platón no creía y por ello
la respuesta debe ser no, pero que los cristianos llamaban paganas a
todas las formas religiosas que no fueran una tradición surgida del
Antiguo Testamento y por lo tanto la respuesta debe ser sí.
Me molesto la nula
seriedad con la que respondió a mi pregunta, sus risas nada tienen
que ver con las que compartimos el matemático y yo. Pero termino
entendiendo que con unos modales muy distintos me ha dado la misma
respuesta. Todo depende de a que le llamemos paganismo. Preguntar
sobre si Platón es o no pagano nos remite a preguntar a su vez que
es o deja de ser el Paganismo.
Algo que los cuatro
tenemos en común, el estudiante, el matemático, el filólogo y yo,
es que a los cuatro se han cansado de explicarnos una y otra vez la
historia “oficial” de la humanidad. Que primero fue al mito,
irracional y supersticioso de la religión a lo que acudió la
humanidad en busca de una explicación del universo, de ella misma, y
de la vida; y que eso, y no otra cosa, son las distintas formas de
eso a lo que llamamos paganismo. Que luego en un determinado rincón
del mundo a unos pocos les dio por buscar esa explicación de forma
racional y ya enteramente ajena a esos supersticiosos mitos, y que es
a esa búsqueda, que no se refugia en los mitos, ni nace de ellos si
no más bien contra ellos, a lo que llamamos filosofía. Más tarde
llego el Cristianismo, una religión diferente que supo aunar por
primera vez en toda la historia de la humanidad la religión y la
búsqueda racional de una explicación sobre lo que somos, de donde
venimos y que es lo que nos cabe esperar. Y de este modo el
Cristianismo logro sacar a la religión de la superstición en la que
esta se encontraba atrapada y a la vez iluminar con ayuda de la fe a
la razón, permitiendo de este modo a la razón acertar a comprender
lo que la razón por si sola no puede, es decir la divinidad y todo
lo relacionado con ella. Aquí es donde muchos de los historiadores
de la historia “oficial” de la humanidad dan por terminada dicha
historia. Otros la continúan contándonos que en realidad la cosa
continuo y tras pasar largos siglos la razón encadenada a la fe,
logro la razón liberarse de dicha fe y continuar su camino propio
hasta descubrir que toda religión, incluida la cristiana es obra de
la superstición, que no otra cosa, pero que por fin, ahora negando
toda forma de religión, la humanidad descubrió por fin, que la
única explicación digna de ser tomada por aceptable es la
explicación puramente racional, que las religiones deben ser pues
relegadas al cajón de la historia, de la infancia de la humanidad,
expulsadas de su presente, y que solo una postura puramente atea ante
la vida y uno mismo es postura cabal, madura y sana.
Según esta versión de
lo que fue y es la historia de la humanidad el Paganismo no es otra
cosa que pura, burda y simple superstición, tan bien intencionada
como equivocada. Por lo tanto Platón no puede ser pagano. Y, es que
según ella ser pagano y filósofo es incompatible. Fue, según esto,
de hecho, la filosofía la gran desenmascaradora de la superstición
pagana, una superstición incapaz de absorber la luz, razón, que la
filosofía desplegaba, una luz que solo el Cristianismo y en su
defecto el ateísmo supo digerir, alimentarse con ella y dar de ese
modo a la humanidad la oportunidad de alcanzar una madurez emocional
e intelectual que el Paganismo siempre le negó e impidió alcanzar.
Y, por ello el paganismo actual según algunos es necesariamente
anti-racional, superstición que debiera estar superada. Y, según
otros, creyendo defender el paganismo para ser un pagano coherente lo
mejor es leer mitos pero no hacer demasiado caso de tantos y tantos
filósofos como el paganismo trajo al mundo, pues pueden alejarnos
del culto sencillo, simple, y llano que los paganos, de espaldas a
sus filósofos, rendían a sus dioses.
Dicen que la historia la
escriben los vencedores. Y, tras siglos, hasta los vencidos se la
acaban creyendo.
… Pero si es cierto,
tal y como algunos creen, que el paganismo esta volviendo, que de
nuevo respira y se pasea sobre la faz de la Tierra, puede que
entonces vaya siendo hora de que se escriba una historia diferente.
Pues la “película” quizá se parezca muy poco a lo que realmente
ha ocurrido y ocurre. Sí, quizá se acerque la hora en que los
paganos dejen de creer en lo que los cristianos y sus descendientes
les han contado sobre el paganismo. La hora en que sean de nuevo los
propios paganos los que nos cuenten su historia. Entonces lo primero
a preguntar es en que consiste eso de ser pagano.
Para eso nace este blog,
para responder a la pregunta de si Platón es o no pagano. Cada cual
tendrá en esto su modo particular de responder, ya sé y así debe
ser. Habrá aquellos que estén más o menos de acuerdo con mi forma
de responder, algunos puede que para nada lo estén , pero aquí daré
mi respuesta, una voz en un debate abierto que tarde o temprano, tras
que se escuchen otras mil voces o más, pueda que sirva, o no, para
generar un consenso en la respuesta a la pregunta que me trae aquí.